@emmagutierrezca

Congelados

La última vez que pasé tanto frío en el Heliodoro corría marzo de 2011. Era un lunes de Carnaval, venía el Barça B y diluvió tanto dentro como fuera del campo.

Desde una extraña posición en San Sebastián alta, en la que me empapé por estar todo el papel vendido en mi habitual popular baja, vi como los azulgranas nos endosaban cinco chicharros.

Con cara de tontos, y una mojada de las que se recuerdan, sobre todo por la gripe que te coges, salió el pueblo chicharrero a quemar una noche en la que no cayó ni gota.

Hoy no esperaba una noche de fiesta. Tampoco tenía un elaboradísimo disfraz de romana para la salida del estadio. Pero la sensación fue similar. Frío hacía, y helados nos dejó la goleada del Alcorcón.

Cuatro goles, que se dice pronto, pero duelen en lo más profundo. El Tenerife, que parece que estaba congelado, dejó que los de amarillo -lo que lo hace más doloroso- le pasaran por encima.

Sin ideas para llegar y sin acierto cuando lo hacía, el centro del campo fue un descontrol y la defensa, de risa. Tanto, que el sabio señor que se sentó a mi lado – y al que pido perdón por haber usurpado su sitio por el mio estar ocupado- llegó a comparar a Javi Moyano con aquel Cristobal Juncal que tantos ‘mataaaadooo’ arrancó en la grada hace no tanto.

La peor manera posible de empezar la segunda vuelta. Una goleada que en esta segunda tan apretada te lanza al abismo y te hace temblar. Pero una derrota que no puede hacer que los puntos conseguidos hasta ahora se queden en la nada.

Toca luchar, olvidarnos de los que ya no están. Intentar acertar al fichar y mirar siempre el frente.

Y hablando de Frente, como se nota cuando los ultras de popular bajo no tiran del estadio. Tristísimos los primeros diez minutos en los que decidieron no animar a modo de protesta y no hubo otro sector del estadio capaz de tirar del carro y darle voz a la afición.

Ahora, hay  una luna gigante vigilando el Heliodoro. Avergonzada, seguro, de lo que allí pasó esta tarde. Y es que, así no.

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