@emmagutierrezca

El monstruo…de las jeringuillas.


Más que boom informativo, fue un boom mediático. La entrevista de Oprah a Armstrong en la que confesó cómo se dopaba durante los siete Toursque ganó, supuso un show al más puro estilo americano. Quitando la incomprensible grabación previa y el anuncio de AP de la confesión del ciclista antes de que el pasado jueves fuese emitido, los 70 minutos de charla dieron para tratar muchos temas.
Como el propio Lance dice durante varios trances de la conversación, creerlo ahora, es casi imposible. La duda radica, en sus declaraciones, en si es cierto todo lo que dice cuando niega los testimonios de algunas personas que en su momento le acusaron. Es decir, ya puestos ¿por qué iba a mentir?
La entrevista hecha por Oprah, la reina de la televisión en los Estados Unidos, no deja ningún recoveco por analizar. Quiere respuestas y las consigue. Fueron más de 20 veces a lo largo de esta primera parte las que admitió el haber tomado sustancias para mejorar su rendimiento. Por momentos, se hace durísimo ver como Armstrong negaba una y otra vez su doping en incontables ocasiones y luego es capaz de decirlo tan clara y abiertamente. Evitó decir nombres. No quiso involucrar a nadie ni contestar aquello en lo que no se sentía cómodo. Reconoció que era su actitud, el atacar a las personas. El interponer demandas aún cuando sabía que lo que decían era cierto.
La manera de realizar su doping, se confirma casi como una red de inteligencia. A pesar de ello, reconoce que si en 2005 (año en el que dice haber «superado los límites» por última vez) hubiera acabado todo, no hubiera decidido regresar, probablemente no se le hubiera descubierto. Este último hecho, lo achaca a que George Hincapie, fiel amigo y compañero de entrenamiento, fuese forzado a declarar en su contra. Cuestionado por si cree que el debería ayudar a luchar contra el doping en el ciclismo, el estadounidense admite que no es él quien ha de luchar en esto, debido a la poca credibilidad que tiene en estos momentos.
Arrepentido o no, lo que está claro es que ha pasado de héroe a villano. Si afectará o no a su ya dañadísima reputación, es algo que está por ver, más teniendo en cuenta que aún son dos las demandas legales que están en trámite. Pero lo que está claro es que lo que era un monstruo del ciclismo, se ha convertido en el monstruo de las jeringuillas.
 
«¿Y en el momento no te pareció que estaba mal?», preguntó Winfrey.

«No», replicó Armstrong . «Da miedo».

«¿Te sentiste mal por lo que estabas haciendo?», insistió Winfrey.

«No», dijo. «Aún peor».

«¿Sentiste de alguna manera que estaban haciendo trampa?».

«No», dijo Armstrong tras una pausa. «Eso es lo peor».

«Yo busqué la definición de trampa», añadió momentos más tarde. «Y la definición es ganar una ventaja sobre un rival, Yo no lo consideré así. Yo lo consideré hacer lo necesario para emparejar las cosas».

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