@emmagutierrezca

La ilusión, ni tocarla.

Llegó el día. Las voces se afinan, los pitos y trompetas no paran de sonar entre un sinfín de nervios. La fantasía, perfecta, brillante. Sin ninguna arruga. Con todas las lentejuelas en su lugar. El maquillaje, también ensayado, solo será óptimo si se corona con la mejor de las sonrisas.

Llegó el día. Después de muchos meses de trabajo, las primeras murgas se subirán al escenario del cuento, en el Recinto Ferial, en una nada habitual fase de domingo. La primera de cuatro, donde la crítica, el humor y la ironía, seguro no faltarán.

Comenzarán a entonarse las primeras letras, los pasacalles pondrán los pelos de punta de los asistentes y el trabajo de un pueblo será al fin reconocido.

Aunque no todo es tan bonito. Por desgracia. Los meses de trabajo, de grandes y pequeños, se han visto empañados por una cuestionable gestión de los que mandan, de los que, queriendo o sin querer, dejan tocado a un Carnaval que si es tan grande es porque lo hace la gente de a pie. Sin sambódromo, ni un lugar hiper especial donde los que pueden se sentarán a ver a ‘los elegidos bailar’.

El Carnaval de aquí es el que lo vives de la San José a la Weyler, el del punto de encuentro de la calle Castillo y los Sigan Bailando de la Plaza del Príncipe. Del que viene de Granadilla o Icod al que se queja porque le mean el portal en el centro de Santa Cruz.

Desde el que empieza a prepararlo en agosto hasta el que se anima solo para vivirlo en la piñata. Del que se afinca en el Recinto con las murgas infantiles y abandona solo cuando sale la cabalgata, hasta el que a miles de kilómetros sufre porque un año más no puede venir a su tierra a pintarse el pelo con un spray rosa.

La polémica por aforos, la falta/regalo de entradas, la distinción entre ‘clases’ de grupos… Hablarán, discutirán, irán a por nuestro bien más preciado. Pero es su mes, nuestro mes, y nadie lo arruinará.
Porque harán lo que quieran, pero la ilusión, ni tocarla.

¡Feliz Carnaval, chicharreros!

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